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Oriol Nolis compone un relato lleno de claroscuros, con magnífica ambientación y un gran dominio de los angeles intriga que es, a los angeles vez, un thriller y una reflexión sobre el arte y el deseo de posesión.

El valor del arte dwell en su belleza. Poseer una obra de arte es como pretender ser dueño de una puesta de sol.

Maurice Lyon es el hijo mayor de una importante familia de coleccionistas de arte franceses. Desde su nacimiento, Maurice parece destinado a heredar l. a. extraordinaria colección de pintura que durante siglos ha pasado de padres a hijos. Sin embargo, una noche un grave incidente en l. a. elegante residencia parisina de los Lyon cambiará su vida para siempre.

Repudiado por su familia y desterrado a Barcelona, planeará una venganza tan sofisticada como delirante mediante los angeles cual iremos descubriendo los intrincados laberintos que trazan su oscura personalidad y los misterios que componen l. a. extraña historia de Maurice Lyon.

Una primera novela que supera las expectativas del lector y nos sumerge en una maraña de emociones y sensaciones que no cesan hasta los angeles última página.

«Digamos que se trata de una colección de... deseos. Sí, me gusta esta expresión: una colección de deseos. ¿Entienden de lo que les estoy hablando? Una colección de piezas queridas, admiradas y deseadas a lo largo del tiempo por miles de personas que incluso, en algunos casos, estarían dispuestas a dar su vida por ellas.»

Reseña:
«Puede leerse como un refinado thriller. O como los angeles historia de un psicópata, escrita con una distancia narrativa loable».
Babelia

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Pasé por delante de su gran aparador repleto de pequeñas navajas, cuchillos de todo tipo y relucientes espadas. —¿Puedo ayudarle? —me preguntó un dependiente mientras yo seguía contemplando el escaparate. —Quiero un cuchillo —fue lo único que se me ocurrió contestar y al instante me despatchedí estúpido. El dependiente me dedicó una sonrisa, pero inmediatamente recuperó l. a. compostura y, tras mirarme de pies a cabeza con profesionalidad, sentenció: —Uno de caza. �Me equivoco? Me sorprendió el buen ojo del empleado. Me dejé guiar al inside de los angeles tienda, donde me recomendó un elegante cuchillo de remate fabricado por Manufacturas Muela con puño de asta de ciervo, cabeza de jabalí y defensa de latón. Pagué los ciento cincuenta euros con tarjeta, quería conservar efectivo por lo que pudiera pasar. Metí el machete en l. a. bolsa de deporte y regresé a las Ramblas, donde tomé un taxi a l. a. estación de Sants, aunque no pensaba coger un tren. Me dirigí al mostrador de oficinas de Europcar y esperé pacientemente mi turno tras una larga cola de turistas. Como iba a pasar muchas horas en los angeles carretera, me decidí por un vehículo cómodo y potente: un Jeep Renegade de a hundred and twenty CV. los angeles joven que me atendía me preguntó si iba a devolver el vehículo allí mismo y, aunque estaba seguro de que no iba a devolverlo ni allí ni en ningún otro sitio, le contesté afirmativamente. De camino al aparcamiento donde debía recoger el coche, compré tres botellas de agua grandes y un par de sándwiches envasados. El trayecto sería largo y prefería tener que parar lo menos attainable. Subí al coche y encendí l. a. radio. Localicé una emisora de música clásica. Sonaba los angeles obertura de El holandés errante mientras circulaba a toda velocidad por las calles de Barcelona. Me esperaban al menos diez horas de viaje. CAPÍTULO 39 Llegué a París alrededor de medianoche, que es cuando tiene más encanto. De buena gana me habría refugiado en algún café del Marais o habría dado un paseo junto al Sena entre amantes jurándose amor eterno. Pero lo que más me hubiera gustado habría sido subir sin ninguna prisa las escaleras de Montmartre, con el Sacré Coeur iluminado como un faro, hasta llegar a l. a. position Saint-Pierre y sencillamente sentarme un rato en silencio delante de su viejo carrusel. No obstante, no había tiempo para nada de eso. Me miré un momento en el espejo del retrovisor y descubrí un rostro demacrado por el cansancio acumulado. Los ojos enrojecidos y los angeles mirada apagada. despatchedí ganas de llorar, pero respiré hondo y me rehíce. �Ya falta muy poco», me dije para consolarme, y seguí adelante. l. a. position des États-Unis se encontraba desierta a esas horas y tampoco había luz encendida en ninguna de las ventanas de l. a. que fue mi casa. El servicio debía de estar acostado ya. Quizá Jacques también dormía y yo debería aguardar hasta su salida, los angeles mañana siguiente. Pude aparcar casi delante de los angeles imponente entrada de l. a. residencia Lyon y apagué el motor dispuesto a esperar las horas que hiciera falta luchando para que no me venciera el sueño. Me había comido uno de los sándwiches durante el viaje, pero, como volvía a sentir hambre, abrí l. a. bolsa de deporte para coger el que aún me quedaba.

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